La violencia sexual puede darse en distintos contextos: espacios públicos, entorno digital, trabajo, educación o relaciones afectivas, cuando no existe consentimiento libre, claro y válido.
Incluye agresiones sexuales, abuso, acoso, explotación, trata con fines sexuales y violencia en grupo, así como formas digitales como grooming, sextorsión o difusión no consentida de imágenes íntimas.
El elemento central es siempre el mismo: la ausencia de consentimiento real. Sin un “sí” libre y consciente, cualquier acto sexual es violencia.
La violencia sexual vulnera derechos fundamentales como la libertad, la integridad física y moral, la igualdad y la dignidad, con consecuencias profundas para la víctima.
Por ello requiere una respuesta coordinada de instituciones y sociedad.
El consentimiento sexual
El consentimiento es la base de cualquier relación sexual libre y respetuosa.
Solo existe cuando se expresa de forma libre, clara y sin ambigüedad.
Debe ser: libre de presión, informado, específico, reversible y expresado de forma activa.
Puede retirarse en cualquier momento, y esa decisión debe respetarse.
Señales de consentimiento válido
Un “sí” explícito y claro es la única forma válida de consentimiento.
La comunicación debe ser directa, verbal o no verbal, basada en respeto mutuo.
El consentimiento requiere igualdad entre las personas implicadas.
Lo que NO es consentimiento
El silencio, la ausencia de negativa o no resistirse no significa consentimiento.
El consentimiento no existe si hay miedo, manipulación, amenazas o coerción.
No es válido si la persona está bajo efectos de alcohol, drogas o inconsciente.
No depende de la ropa, el lugar ni de relaciones previas. Solo un “sí” libre y consciente es válido.